El pasado jueves 5 de diciembre murió Nelson Mandela; muchos ya esperaban que esto iba a suceder más pronto que tarde y por ello, algunos periodistas tenían preparada una amplísima biografía para cubrir los periódicos del día siguiente; yo, como humilde estudiante que soy de la profesión de narrar las cosas, he esperado y reflexionado sobre lo que debía escribir o dejar de escribir sobre alguien tan importante como Nelson Mandela.
La verdad, le tengo mucha admiración a Madiba, es alguien que ha cambiado la historia, que ha creído en las personas por encima de todos los males que agudizan a estas, que ha sabido sacar el pétalo de rosa siempre a todas las espinas, y el ejemplo más claro es que tras su estancia en prisión, supo perdonar y gobernar a partir del perdón, el respeto y la igualdad; y solo por eso ya merece toda mi admiración. Como digo, le guardo mucha admiración a Mandela, y sí, hablo de él en presente, hay gente que es eterna y Mandela lo es, su legado se escribe en presente y sus ideas deberían escribirse como Patrimonio de la Humanidad también en presente: "los hombres que mueren por la vida no pueden considerarse muertos" o "muere el hombre, las ideas perduran"; creo que no hay frases que mejor definan mi sentimiento hacia el expresidente de Sudáfrica.
A pesar de la admiración que le profeso, no soy quién como para ponerme a escribir biografías ni contar a los pocos que se asoman a este rinconcito qué hizo Mandela, por qué se ha convertido en quién es o por qué va a dejar huella en la historia contemporánea, eso ya lo han hecho medios que tienen la necesidad de informar y vender. Yo solo quiero hablar de homenajes, homenajes de los que todos seremos responsables.
"Este es un ideal por el que estoy dispuesto a morir" dijo Mandela ante el tribunal blanco que le juzgaba por "actos de violencia y destrucción" en 1964. Ya fallecido Madiba, quizás sea el momento de dar un paso al frente. A día de hoy, la sociedad parece exenta de héroes individuales que enarbolen banderas de luchas colectivas como la de la liberación de la Sudáfrica negra que llevó Mandela, pero en cambio, tenemos una sociedad interconectada que ha asumido ese rol de héroe, o lo ha de asumir. Ese será nuestro homenaje, Saramago decía: "existen dos superpotencias en el mundo, una es Estados Unidos, la otra eres tú, la opinión pública"; he ahí donde se encuentra la fuerza de este siglo, en la gente de a pie, en los mindundi como yo, en los que leen artículos por Internet los domingo por la tarde como tú, en todos aquellos que deciden salir a cubrir la calle por causas que consideran 'justas', quizás ahí esté el problema, en la consideración de 'justo', que muchas ocasiones -la mayoría- pasa a ser 'justo' cuando nos afecta de manera directa, y hasta entonces, solo es otro problema más de los muchos que sacuden la Tierra en nuestros días.
Así que "pequeña gran superpotencia", despierta, vamos a rendir homenaje a un gran hombre como Mandela y a todos aquellos que han muerto por la misma causa que él. De nada valen los tweets con lamentaciones, las oraciones, la admiración en silencio, las misas con su nombre, los funerales de Estado...de nada vale todo ello si quien habla de "ejemplo Mandela" defiende las cuchillas de Melilla, si quien se llena la boca hablando del legado de Madiba legisla desde el miedo y hacia la criminalización de la protesta que tanto defendía el propio Mandela; de nada servirán los aplausos hacia su figura si seguimos viendo en el inmigrante un peligro, en el diferente un enemigo y en el que piensa diferente un problema, en nada quedan la exaltación de la figura de este hombre si no se condena el apertheid israelí comparado con el que vivió Mandela y se pide la libertad para el pueblo palestino... En definitiva, en nada quedarán si triunfan el odio, la desconfianza, el racismo y la censura hacia el otro. Eso sí será la verdadera muerte de Mandela.
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