Hay quienes dicen que ya estaba muerto hace días, algunos, leyendo las informaciones que llegaban, me venían a decir que 'se nos moría el comandante' y otros aseguraban que estaba en plena fase de recuperación. Los grandes hombres son así, se mueren casi de la misma manera de la que han vivido, y Chávez no podía morir de otra manera, con las cámaras buscándole, siendo noticia hasta el final, con incertidumbre, poniendo en jaque cualquier tipo de información y siempre en esa delgada línea entre el amor y el odio, incluso hacía dudar a la propia izquierda sobre si reírle o llorarle, aplaudirle o replicarle; puesto que así era él, un tipo que no entendía de grises ni de claroscuros, un hombre con canciones en su contra y poemas de amor y fidelidad eterna; un dirigente que falló en el ataque militar y ganó en las urnas.
Y quizás así era su política, una espada de doble filo, por una parte el excesivo personalismo, rozando el caudillismo -sin confundir con aquel tipo bajito de bigote y mala hostia que en España fusilaba gente-, la chabacanería, la desorganización, los tratos de favor entre las propias clases dirigentes, la inseguridad ciudadana, el populismo del que siempre fue acusado y por supuesto los golpes hacia las libertades de expresión y protesta; le gustaba ser protagonista, como a los grandes tipos en la historia, pero también puso la bandera y la estrella a aquellas zonas que antes se encontraban al margen de la realidad del país, les enseñó a leer, a escribir, les dio comida, trabajo y oportunidades que antes simplemente veían como quimeras; es cierto, el petróleo hizo eso posible, ese mismo petróleo que antes se repartían unas pocas manos y gastaban mientras el resto del país miraba sin voz ni voto, porque así fue él, una persona acusada de dictador que dio democracia a aquellos que antes no veían en el voto ningún tipo de interés y que tan solo les servía para venderlo a alguno de los anteriores grandes partidos; de hecho, se las dio a aquellas personas que se llaman 'demos' y les quitó el 'cratos' a aquellos que lo tuvieron siempre y estos días descorchan champán y brindan por un posible futuro mejor.
Aún con todo, con las sombras negras del chavismo, y las luces rojas que iluminaron al pueblo, Chávez fue un hombre que se mantuvo fiel a sí mismo y a la Revolución que comenzó y en la que creía firmemente, pese a los aires de grandeza que a veces le supusieron -con cierta razón-; superando un golpe de Estado en 2002 y enfrentándose con un par de huevos y bien puestos a la gran potencia de Estados Unidos, algo tan solo al alcance de valientes, locos o idealistas, y Chávez, discípulo de la Revolución Cubana y de su amigo Fidel, y posterior ejemplo para los diferentes líderes que surgieron en Sudámerica, tiene un poco de las tres y digo tiene, puesto que aunque su cuerpo muera, sus ideas siguen en el pueblo en el que creía; pueblo que observa como 'el comandante' dejó su boina, cerró el puño y se fue siempre fiel a sus ideas: "Socialismo, patria o muerte".